La Vitamina D proviene de la radiación ultravioleta B (UVB), y cantidades limitadas provienen de la dieta. Lo cierto es que no solo es responsable de los depósitos de calcio en el organismo, también se encuentran en otra serie de tejidos, tales como las células del sistema inmune, el aparato cardiovascular y el músculo esquelético. (J.Owens et al. 2018). Además, se encarga de optimizar y remodelar la función muscular, mantener la salud ósea y minimizar los riesgos de infecciones. Un bajo estatus de Vitamina D está íntimamente relacionado con aumentar el riesgo de fractura ósea por estrés, así como agudas infecciones respiratorias. (Larson-Meyer. 2013).

Por otro lado, la Vitamina D también se puede obtener por la dieta, el pescado graso, la leche fortificada, la margarina y los cereales, son fuente de vitamina D. Tras la absorción de la Vitamina D, se transporta hasta el hígado donde allí es hidroxilada. (Willis et al. 2008)

Se ha demostrado que la Vitamina D funciona a modo de modulador de hasta 1000 genes relacionados con el crecimiento celular, función inmune y síntesis proteica. (Larson-Meyer & Willis, 2010).

  • Salud Ósea: la función clásica de la Vitamina D es influir en la salud ósea, así como en la correcta homeostasis de la regulación de calcio incrementando la expresión genética que potencia la absorción intestinal de calcio, así como la actividad osteoclástica. la densidad mineral ósea en ancianos, así como en mujeres postmenopáusicas se ve drásticamente reducida, por lo cual, una suplementación con calcio puede no ser del todo suficiente necesitándose un aporte de Vitamina D suplementaria. El calcio, en combinación con la Vitamina D reduce el riesgo de fracturas por fragilidad.
  • Función musculoesquelética: la deficiencia en la Vitamina D induce la atrofia de las fibras de contracción rápida, además de perjudicar la absorción sarcoplasmática de calcio y prolongar los picos tanto de contracción muscular, así como de su relajación. (Larson-Meyer, 2013).
  • Inmunidad e inflamación: La Vitamina D regula al alza la expresión genética de antimicrobianos específicos de amplio espectro péptidos (AMP)- fundamentales reguladores de la defensa inmunitaria- regulando además a la baja la expresión de citoquinas inflamatorias. (Larson Meyer, 2013).

Altos niveles séricos de Vitamina D están asociados con un exitoso envejecimiento, reflejando un alto estado conservado de la función cardiovascular, ya que la Vitamina D si se presenta de manera deficitaria tiene relación con causas de mortalidad tales como; episodios cardiovasculares, hipertensión, aterosclerosis e insuficiencia cardiaca.

No hay evidencia que sugiera que los atletas necesiten niveles diferentes a los de la población general de Vitamina D. Lógicamente, los atletas que solo practiquen en espacios cerrados o por otro lado atletas que son de piel oscura, deben suplementar con Vitamina D. Los atletas con sobrepeso tienen mayor riesgo de padecer insuficiencia de Vitamina D durante el periodo invernal, ya que la síntesis de Vitamina D subcutánea en individuos obesos es inefectiva, debido a que la Vitamina D3 puede ser “secuestrada” en el tejido graso subcutáneo, reduciendo así su disponibilidad para la conversión a 25 (OH) D. (Willis et al. 2008).

A modo de conclusión, se puede resaltar que los beneficios y necesidades fisiológicas de la vitamina D están bien argumentados, juega un papel clave en la salud ósea, la función inmunológica y la función muscular entre otras, por ello es necesario realizar chequeos periódicos a los atletas para conocer el estado de la Vitamina D, teniendo en cuenta que hay una serie de factores de riesgo para observar una depleción en los niveles de 25(OH) D, tales como encontrarse en los meses de invierno, entrenan y competir indoor, color de piel o si padecen sobrepeso. En caso de ser necesario, se deberá suplementar esta Vitamina, buscando alcanzar unos niveles de 25 (OH) D alrededor de 75-80 nmol/L.

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