Como bien sabemos, durante los últimos años el número de lesiones asociadas a la práctica deportiva se ha visto aumentado de manera exponencial, fruto del gran incremento de deportistas tanto profesionales como amateurs que se ha venido produciendo en nuestra sociedad y a la falta de una correcta condición física de estos deportistas.

Dentro del ámbito lesional, una vez que el deportista lesionado ha superado las primeras fases del tratamiento, llega el momento en el que debe retornar a la actividad propia de su práctica deportiva concreta. No obstante, llegado a este punto surge un interrogante acerca de si esta fase se aborda de una forma específica y supervisada o si, por el contrario, se produce un periodo vacío entre la fase médica y la fase de reentrenamiento físico. Es aquí donde cobra vital importancia tanto el proceso de readaptación deportiva.

Hoy en día resulta imposible hablar de readaptación de lesiones sin considerar el ejercicio físico como una de las herramientas más potentes en la recuperación de los deportistas. Esto ha provocado que, a pesar de que en los últimos años los esfuerzos se han centrado en el tratamiento del trauma en sí mismo, los objetivos han ido derivando hacia la búsqueda de estrategias de intervención que, o bien reduzcan el número de lesiones (prevención) o bien supongan una disminución del tiempo de baja y/o una reincorporación segura al entrenamiento y la competición (readaptación).

Moviéndonos en este doble contexto de prevención y readaptación, algunos de los objetivos que deberían atenderse desde un punto de vista profesional, podrían ser los siguientes:

  1. Valorar, supervisar y diagnosticar el estado del deportista de manera continuada e individualizada.
  2. Organizar y planificar un programa de entrenamiento de acuerdo a las necesidades individuales.
  3. Prevenir futuras patologías y asegurar la recuperación completa del atleta.
  4. Mejorar continuamente las capacidades de coordinación básicas de las áreas corporales que intervienen de forma preferente en la ejecución de las técnicas específicas.
  5. Lograr el equilibrio necesario del balance muscular y conseguir un rendimiento deportivo óptimo.
  6. Obtener niveles de fuerza generales y específicos óptimos para desarrollar las tareas deseadas.
  7. Cooperar para las descargas tendinoso-articular de cada día de entrenamiento, con el resto de los métodos utilizados.
  8. Mejora constante el rango de movimiento de nuestras articulaciones.
  9. Ayudar a conseguir con correcto equilibrio miofascial.
  10. Ayudar a tener un estado de animo satisfactorio.
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